domingo, 25 de abril de 2010

El que no muere (2ª parte) + tema de Barricada

Tras quitarles lo poco que llevaban son separados por una simple valla, los hombres a un lado y las mujeres y niños al otro. Atanasio y sus hermanos nunca más volverán a ver a su padre. Hacinados, los niños no saben que más de 30.000 personas están concentradas en ese secarral de tierras resecas bajo el sol. Sin condiciones higiénicas, con el agua racionada recordarán más tarde cómo los Italianos repartían la escasa comida, jugando en algunas ocasiones a burlarse de los niños cuando tras tirar al suelo algunos restos, les golpeaban mientras las criaturas se afanaban por recuperar algún trozo de chocolate con arena.
A los pocos días les conducen a un cine. Nuevamente hacinados, los pocos que han conseguido una butaca no la abandonan. En ella, duermen, orinan y defecan durante un día y una noche.
Desde allí empieza la devolución a sus lugares de origen. El camino que una noche hace casi dos años emprendieron con la esperanza de sobrevivir al horror se truncó en la costa. Como con el hilo de Ariadna, vuelven los pasos hacia atrás. A los hombres los conducen por separado. La madre y los niños son custodiados hasta su pequeño pueblo toledano. Allí los mismos que les empujaron a la huida les están esperando. Saben que llegan los “rojos” que escaparon.
A la entrada del pueblo les insultan y abuchean sin que sus guardianes hagan nada por evitarlo. Los niños presencian cómo su madre es golpeada repetidamente antes de llevársela detenida al Ayuntamiento. Con ella va la hermana pequeña, apenas poco más que un bebé. Los otros cinco hermanos, sucios, avergonzados y asustados quedan al cuidado de la abuela.
Aún pasaron algunos días en que la abuela y los cinco hermanos fueron a visitar a sus padres a la cárcel de Ocaña. Sólo pudieron escuchar los gritos de dolor de la madre ante las palizas hasta que los padres fueron fusilados con más de cincuenta presos. Les comunican que la hermana pequeña ha muerto. Ni un documento, ni un cuerpo…Tal vez no murió y esta mañana me la crucé en cualquier calle; tal vez murió de desatención y pena. Aún tuvieron que sufrir humillaciones en el pueblo como la de desfilar la hermana mayor, con trece años junto con más niñas represaliadas con la cabeza rapada y un camisón por el centro del pueblo.
La abuela Gregoria vendió malamente las escasas pertenencias y a cargo de mi padre y mis tíos marcharon a Toledo. Era el año 39 y como todo un país tuvieron que levantar cabeza desde lo más hondo. Mendigando, viviendo en un castillo abandonado ocupado por varias familias que como ellos sólo tenían el instinto de supervivencia para salir a flote. El resto es otra historia.
Como todo un país, los hijos de los vencidos, niños anónimos, dejaron la infancia en una cuneta y tuvieron que crecer apresuradamente engañando al reloj para seguir sobreviviendo. Su propia supervivencia y el ejemplo de sus vidas fue su victoria, la que sus padres no pudieron tener.


Vídeo con un extracto recitado del relato más el tema LAS 7 DE LA TARDE de BARRICADA dedicado al campo de concetreción Los Almendros, incluido en su nuevo trabajo conceptual LA TIERRA ESTÁ SORDA sobre las víctimas de la guerra

lunes, 19 de abril de 2010

"El que no muere (1ª parte) relato familiar de la Guerra

Recital en Bernuy (Toledo) en abril de 2009 con motivo del aniversario de la república.






Primera parte del relato "El que no muere" ; un relato sobre la historia de mi padre y su familia en la Guerra Civil. Historias que sin rencor, deben ser recordadas y rescatadas del olvido.

El que no muere.

No se si los nombres de las personas dicen algo de su alma como algunos sostienen. No se si las Teresas son unas santas, los Santiagos cortan cabezas allá por donde pasan o los Pedros son auténticas rocas.
Se que hay nombres clásicos, de toda la vida como Julián, Paula, María o Andrés. Nombres nuevos que intentan reflejar bellos anhelos como Libertad, Luna, Alba… o nombres que recuperan el espíritu de antiguas culturas como Yaiza, Azahara, Irune o Zoe (que por cierto significa vida)
También hay nombres que sentimos antiguos, casi en desuso, fruto de la historia de los diferentes pueblos que configuraron este país y que al oído pueden sonar al menos poco apropiados a los tiempos modernos actuales pero cuyos significados en ocasiones encierran un gran poder.

Este es el relato de alguien con uno de esos nombres, o al menos parte de su historia. El se llama “El que no muere, el inmortal” o en griego Atanasio, y es mi padre.

Las historias de nuestros mayores comprenden en sí mismas la historia de un país, no la que viene en los libros, sino la intrahistoria de la que habló Unamuno, la sentida, la de verdad, la real, la que va sembrando una huella por la que transitamos aunque no lo sepamos, incluso aunque en ocasiones nos neguemos a reconocerlo, las siguientes generaciones.

Este es el breve relato, sólo una parte pequeña de una historia más amplia que aún no ha concluido.

A sus poco más de ocho años, Atanasio, el que no muere no llegaba a comprender del todo por qué una noche de invierno tuvieron que abandonar su pueblo. Señalados, como apestados, huyeron hacía más de un año de las amenazas, los insultos, las burlas de los que hasta hacía poco eran sus vecinos y sus compañeros de juegos.

Sabía que había estallado una guerra hacía tres años y que el miedo y la inquietud se habían apoderado de sus padres. Francisco, su padre, afiliado a un sindicato, sentía, como tantos otros, que era objeto de las iras y amenazas de aquellos del pueblo a los que el golpe militar les había pillado de cara. Como siempre, las enviadas aprovechaban vientos favorables para subir como enredaderas por corazones mezquinos y amenazaban con destruir lazos de sangre y convivencia de años.

Desde aquella noche en que sin saber adonde se dirigían, habían salido apresuradamente los séis hermanos, cuatro chicas y dos chicos y sus padres en un todoterreno de algún familiar rumbo a Ocaña, no habían parado de huir. Siempre buscando terreno seguro, Atanasio, el que no muere, no sabía que se movían entre las escasas fronteras donde el gobierno legítimo del país aún estaba presente. No sabía que su huida era una carrera en el filo de la libertad mientras unas sombras, oscuras, fantasmales a las que esos niños de entre tres y trece años no podían poner nombre acechaban sus pasos como perros de presa.

Habían viajado en un camión del ejército hasta un pueblo manchego frontera ya con la región valenciana donde se habían mantenido como pudieron durante varios meses. Pero el rumor de la sombra se escuchaba cada vez más cerca y huyeron de nuevo hasta Orihuela, municipio situado a más de cincuenta kilómetros de Alicante.


Pero una mañana su madre les despierta temprano, casi al alba. Los séis hermanos y los dos adultos salen con lo puesto. Ropas viejas, zapatos gastados, alguno incluso camina descalzo. Se oye lejano el rumor de disparos y se siente cercano el sabor de la muerte.

Los niños oyen a sus padres algo de un barco, incluso Atanasio, el que no muere, le pregunta a su hermana mayor si sabe a donde se dirigen. Pero todos están demasiado asustados para hablar.

Caminan durante dos días, más de cincuenta quilómetros, sin llevarse a la boca más que algunos restos de pan y fruta que han podido recoger en las prisas y aquello que las huertas de las laderas les pueden ir ofreciendo.

Llegan a Alicante. La ciudad es un hervidero de sombras asustadas que como animales de un bosque en llamas se han precipitado huyendo del fuego a la rivera del río. Sólo queda saltar o morir quemados. Se dirigen al puerto. A los niños les sorprende el mar, jamás habían visto tanta agua junta. En el puerto familias famélicas, milicianos jóvenes avejentados por la guerra, hombres exhaustos se arremolinan para embarcar en el próximo barco rumbo a Rusia.

Rusia es un nombre lejano, casi abstracto. Pero en esos cruciales momentos representa la única esperanza a la que cientos de personas se agarran como a un salvavidas.

Tienen que esperar en la fila. Durante más de dos días, no se pueden mover; abandonar el sitio supone abandonar la última esperanza de escapar del infierno.

Los días ya son algo más largos, está acabando el invierno y pronto empezará la primavera. Al fin logran subir al barco, hombres y mujeres asustados que miran hacia el este, hacia donde sale el sol, con ojos perdidos, esperando poder escapar, pero con el alma rota de dejar atrás casas, familia, paisajes, su historia. Nadie sabe si regresarán algún día.

De pronto se escuchan sirenas y disparos por las calles que bajan al puerto y camiones de soldados con la bandera nacional del águila, las banderas fascistas italianas los himnos militares por las sirenas llegan tomando el control. No hay resistencia; los falangistas y los italianos toman posiciones y entre los borrosos recuerdos que a Atanasio le quedarán, siempre permanecerán nítidas y cristalinas las imágenes de decenas de milicianos jóvenes, apenas unos adolescentes, que ante la desesperación saltan del barco al agua intentando una suicida huida. Los gritos de pánico y los llantos inundan la cubierta. Los cinco hermanos lloran asustados; no logran comprender del todo qué está ocurriendo. Sus padres les abrazan en un gesto protector, atávico, de siglos de supervivencia humana y animal cuando los soldados suben al barco.

Más tarde se sabrá que las unidades navales del ejército sublevado apoyado por efectivos de Mussolini y Hitler habían cerrado la bahía de Alicante no permitiendo la salida ni entrada de ningún buque. El día 30 de marzo, los mercenarios italianos de la división Littorio, al mando del general Gambara ocuparon la ciudad y cercaron los accesos al puerto. Los últimos republicanos libres quedaron atrapados.

Hundidos, son conducidos al Campo de Concentración conocido como Los Almendros. Como escribió Max Aub “deshechos, maltrechos, furiosos, aplanados, sin afeitar, sin lavar, cochinos, sucios, cansados, mordiéndose, hechos un asco, destrozados, son sin embargo, no lo olvides hijo, no lo olvides nunca pase lo que pase, son lo mejor de España”.

sábado, 3 de abril de 2010

Sepàración (relato)

Era algo más de la media noche y ella aún no había regresado. Hacía tiempo que la cena había quedado fría en los platos y a él se le habían quitado las ganas de probar nada. Un molesto nudo en el estómago le atenazaba provocándole una inquietante zozobra, como la humedad que se respira previa a la tormenta.
No era normal que se retrasara tanto en un día laborable aunque sabía que en ocasiones tenía la costumbre de quedarse a tomar alguna copa con los compañeros de trabajo. Y aunque la noche era calurosa, con ese clima agradable y frescor nocturno que en ocasiones ofrecen las noches de junio en Madrid, él tenía la intuición que el día que tanto había temido que llegara, al fin había hecho su aparición.
Fumaba, sentado en su balcón, atentos sus ojos a las sombras que iban y venían frente a su calle, aunque su mente estaba muy lejos de allí. Hacía tiempo que había notado que ella no era feliz. Y aunque ella hacía notables esfuerzos por disimularlo, eran tantos los momentos compartidos, las intimidades vividas, que un leve gesto, por imperceptible que pareciera, se convertía, a los ojos del otro en un signo delatador; así que él se había ido percatando perfectamente que el brillo de sus ojos se iba apagando día a día.
Es cierto que había intentado retenerla cómo sólo los hombres prueban a hacerlo cuando sienten que la soledad puede ser su próxima compañera: se había mostrado atento hasta el mínimo detalle, había tolerado lo que nunca pensó que toleraría, la había expresado su amor de mil formas distintas como nunca se atrevió a hacerlo; la había regalado momentos con detalles maravillosos, desempolvando de su viejo baúl del alma repertorios de poesía y magia ya olvidados y aunque intentaba engañarse a sí mismo pensando que ella seguiría a su lado, en el fondo de su corazón intuía que ella había tomado ya una decisión aunque se resistiera a reconocerlo.
Llevaba ya algunas semanas que pensaba que cada día sería el último. Lo que había sido en un tiempo una misma vida, un mismo camino labrado juntos, superando todas las dificultades que el destino se encaprichaba en entretejerles se había convertido ahora en dos vidas paralelas que seguían rumbos distintos; una al lado de la otra, pero ya sin cruzarse. Ya no había planes juntos; quizá, no tenía ya sentido.Y sabía que aunque le dolía en el alma, debía aceptarlo.
Sintió la llave abrir el portal y el corazón le dio un vuelco. Enfrentarse de nuevo a la soledad, no disfrutar de su presencia en la casa; desaprender olores, borrar huellas…aprender a convivir con las sombras una vez más. Abrir un nuevo periodo en su vida, el pensarlo le helaba con un latigazo de esacalorfrío en la espalda. Y rompió a llorar. Mientras ella subía las escaleras del portal tuvo aún un último impulso de intentar aferrarla cuando entrara, parar el tiempo, detener el reloj y convencerla que junto a él volvería a ser feliz. Pero ese impulso se desvaneció, como se desvanece el agua al aferrarla entre las manos, porque la vida, sabía, no la podemos aferrar a nuestro antojo; como dijo el sabio, la vida no nos pertenece sino nosotros le pertenecemos a ella.
Sabía que ella sería feliz, no le cabía la menor duda, era fuerte, lo había demostrado en mil ocasiones. Tendría caídas, momentos, sí, como todos, pero sería feliz y tenía que aceptar que lo fuese lejos de él aunque el precio que pagara por ello fuera su propia soledad.
La puerta de la casa se abrió, ella entró como siempre, verdaderamente hermosa y tras los comentarios y explicaciones de rigor y un beso cotidiano fue directamente clara:
- Llevo unas semanas pensando. He tomado una decisión. sabes que debo irme, que no puedo seguir viviendo más tiempo aquí, contigo. Me ahogo; necesito encontrar mi lugar. Sabes que tarde o temprano tendría que suceder.
- Lo sé- masculló él entre dientes- lo sé y puedes irte cuando quieras. Sabes cuánto te extrañaré, aquí, en entre estos rincones cada noche que no estés a la cena, cada mañana que no te levantes con el día. Pero sé que tiene que ser así.
Y la besó. Y así fue como él, con tantas experiencias vividas, con su intensa vida activa vio como ella, su tesoro, su princesa, su hija, su preciosa hija que tuvo que sacar sólo adelante, empezaba a volar. Y así fue como él, cuya vida sólo tuvo el sentido de cuidar y amar a esa niña nacida al tiempo que su madre moría y él quedaba sólo, con todos los planes truncados y al cuidado de aquella maravillosa criatura. Así fue como ahora, a sus casi sesenta años se aferraba quizá a la etapa más difícil de su vida: su propia vejez que sabía se iría acercando a pasos agigantados y cualquier mañana, sin que lo sospechara, ya se habría instalado definitivamente en su cama.

(Juan carlos 1999)

martes, 23 de marzo de 2010

Audio-poema"Un mar azul" más el tema "Ciudad Hostil" de C.Galán

Poema "Un mar azul..." del año 1999 o así, que recoge las contradiciones que en ocasiones conviven en el interior y que me gusta unir en los recitales al magnífico tema de Carlos Galán "Ciudad Hostil". El vídeo, como no, es del recital del pasado diciembre.

UN MAR AZUL…

Un mar azul, inmenso de vida
Un rayo de sol, de esperanza,
Unos cimientos fuertes en que apoyarse
Unas manos que recogen la energía
que dan, un deseo
Unas cadenas que me esclavizan
Un por qué, un no lo entiendo
Una maldición, un improperio, un no quiero

Una esperanza, una luz, una lucha
Un cruce de caminos
Una zona oscura

Una desesperación, una alegría
Un torbellino
Un blanco, un negro
Un no sé que me pasa
Un no lo entiendo.

Un fantasma que se ríe
Una mentira que de verdad se disfraza
Una sonrisa que malvive
Una verdad que es mentira cuando se alcanza

Un vacío, una nada
Un vapor en el aire
Una risa, una carcajada
Un charco en el agua

Un llanto rompedor, una lágrima
Un pasado, un tiempo
Que se me escapa

Una confianza en Dios
Un ¡Dios! no sé que me pasa
Juan Carlos 1999

sábado, 13 de marzo de 2010

"Podre tornar enrera" = podré volver atrás. (canción y letra)

En la entrada anterior, a raíz del poema "Hay sombras...", terminaba con el enlace vía spotify con el tema de Sopa de Cabrá, "Podré tornar enrera= podré volver atrás", y señalaba que en la próxima entrada subiría el vídeo con la letra y la traducción. No sé que me pasa con los vídeos del yotube que no me permite subirlos la mayoría el diseño blogspot del blog; debe ser cosa del formato y mis nulos conocimientos informáticos. Así que vulevo a subir vídeo elaborado por mí con el Windows Movie Maker donde solo aparece el audio. En la entrada anterior puse el enlace de la versión de Beth en el disco homenaje a Sopa de Cabra. En este vídeo pongo la versión en acústico con los coros del grupo Gossos, versión que me encanta. Y añado el enlace del vídeo que quería subir con la versión en directo en el último concierto de Sopa, en su despedida.Recomiendo echar un vistazo a estas imágenes de Gerard Quintana, Joseph Thio y compañía en su último directo. Sopa de Cabra, el máximo exponente del otrora denominado rock català y que en mi opinión uno de los mejores grupos de rock contemporáneos y con letras que son auténticos himnos y poemas (que en definitiva, sobre esto último es sobre lo que gira este blog)

Como dije en la anterior entrada, la musicalidad y la letra de este poema acompañaba en parte al sentido del anterior poema, y me venía al corazón cuando lo estaba escribiendo.

Vuelvo de tomar unas copas en un garito con una amiga y de nuevo observé por momentos a mi alrededor, y de nuevo yo también soy parte del paisaje de cualquiera de la gente del bar que como yo, se hubiera parado a mirar también a su alrededor. Era un garito de barrio, más personalizado, más tranqui...Y mi edad ya es otra edad. Pero en ocasiones me llegan, a suaves oleadas, las estrofas duras, realistas y a la vez esperanzadas de este magnífico tema; estampas, flashes, del intento a veces infructuoso de construir vínculos, de buscar el camino propio de oledas de gente joven una noche cualquira en estos tiempos complicados.: "Ríos de gente maleridas corren solas escupiendo su fracaso (...) mientras lloran de rabia y por amor(...) pero no se rinden, sueñan ilusiones...(...) podré volver atrás cuando esté demasiado lejos, podré volver atrñas cuando sea demasiado tarde"
Que lo disfrutéis si os gusta y os llega como a mi me llega.


http://www.youtube.com/watch?v=zhSp4SV8FG0


PODRÉ TORNAR ENRERA (sopa de cabra)Rius de gent malferida corren sols escopint el seu fracàs ja vençuts, esperaran com sempre han fet, l'aventura d'una nit, mentre ploren de ràbia i per amor a un nom inexistent mentre riuen dins núvols passatgers cada dia més distants.Corren sols, seguint pistes per trobar el refugi de l'acció,un amic que no estigui massa vist, o una ofrena de la carn que a vegades, quan s'apaga el primer foc, pot fer encara més mal, i així acaben, quan ja tot ha passat, cremats per la veritat i cridant: Podré tornar enrera quan estigui massa lluny.Podré tornar enrera quan sigui massa tard. (2)Són germans d'un camí que no ha tingut mai sortida ni final,saben béque el futur és la foscor i que el negre és el color d'una bandera, bruta i plena de sang, que els hi han possat a les mans però no es rendeixen, somien il.lusions fent imnes de cançons i criden.Podré tornar enrera quan estigui massa lluny.Podré tornar enrera quan sigui massa tard. (4)


PODRE VOLVER ATRÁS (traducción + o -)

Ríos de gente malherida corren solos escupiendo su fracaso
Ya vencidos esperan como siempre han hecho, la aventura de una noche.
Mientras lloran de rabia y por amor a un nombre inexistente
mientras ríen dentro de nubes pasajeras cada día más distantes.
Corren solos siguiendo pistas por encontrar el refugio de la acción,
un amigo que no esté demasado visto, o una ofrenda de la carne
que a veces cuando se apaga el primer fuego, puede aún hacer más daño
y así acaban cuando ya todo ha pasado quemados por la verdad y gritando.
Podré volver atrás cuando esté demasiado lejos
Podré volver atrás cuando sea demasiado tarde
Son hermanos de un camino que no ha tenido nunca salida ni final
saben bien que el futuro es la oscuridad y que el negro es el color
de una bandera sucia y llena de sangre que se han echado a las manos
pero no se rinden, sueñan ilusiones hacen himnos de canciones y gritan
Podré volver atrás cuando esté demasiado lejos
Podré volver atrás cuando sea demasiado tarde

viernes, 5 de marzo de 2010

Hay sombras... (poema)


Hace tiempo que quería escribir un poema en homenaje o con referencias al sociólogo y ensayista polaco Z.Bauman. Este prolífico pensador actual , cuyos análisis de la sociedad contemporánea, me parecen de enorme interés, acuñó un término para definir la modernidad actual: "líquido". Crítico con las formas de capitalismo y globalización actual, señala cómo la precariedad social y el ritmo vertiginoso que demanda la nueva sociedad de consumo se infiltra en todos los órdenes de nuestras vidas siendo víctimas de esta "liquidez" vital. Así varias de sus obras llevan este término en el título. "Modernidad líquida", "Tiempos líquidos", "Vida líquida", "Amor líquido"...una "vida líquida que es la maera habitual de vivir en nuestras sociedades modernas contemporáneas" . En alguna otra entrada de este blog volveré a hacer mención de Bauman.

LLevaba algunos meses sin escribir nada nuevo y la idea de escribir sobre esta "liquidez" me rondaba. Observaciones, vivencias y la película reciente de "After" con tristán Ulloa y Willy Toledo fue una mezcla explosiva de la que salió como vómito este poema. Un poema que no habla ni del todo de mi ni del todo de los demás porque todos somos juez y parte, víctimas y verdugos de esta vida líquida.

Por último enlazo con un tema, como no, de Sopa de cabra, (podré tornar enrera= podré volver atrás, versión Beth en el disco homenaje) cuyo espíritu de la letra y la música comparte en parte, para mi, parte del espíritu de este poema. En la próxima entrada intentaré subir el vídeo con la letra y la traducción.



Hay sombras…
Hay sombras vestidas de inocencia deslizándose entre las calles
La ilusión intacta de ser alguien
entre danzas de cuerpos una noche más
La creencia falsa de ser aceptado, de ser uno más;
Gentes buscando gentes en la representación tragicómica
Que de nuevo lleva a la soledad.
Y de regreso a casa te vuelves a preguntar qué ha vuelto a fallar.
Risa fácil, huida hacia delante, cuerpos sin nombres
Cualquiera sirve en el intercambio de la simulación;
Realidad virtual confundiendo apariencia con interior.
Hay sombras que se han vestido de ilusión
¿cuándo me comí la pastilla azul?
Y danzas de neones y sonrisas fingidas y amigos a golpe de clic
Y la certeza de creer que se hace lo correcto.
Cuánto cuesta sentarse y decir ¿qué tal estás?
Cuánto cuesta sentarse y decir lo siento.

Hay sombras vestidas de colores ,
quiero ser feliz
Bienvenidos al supermercado,
Todo se compra, alzar la mano
y cogerlo
¿qué te interesa que yo lo tengo?
Mañana te seduciré con otra cosa más
Me deslumbran las siluetas, tu figura, los olores,
También quiero ser estrella de televisión.
Funerales de éticas
altares de estéticas
adoremos la imagen exterior.
Hay sombras en las calles que ríen, sonrisas fingidas
Que no saben medir el dolor.
No me toques por favor,
Abraza mi cuerpo pero no interpeles mi corazón
No sabría qué decir.
Y cuánto cuesta sentarse y decir te necesito
Y cuánto cuesta sentarse y decir te echo de menos.

Abrazos asépticos, besos profilácticos
Pulcros, puros,
Sin contagios
Ni manchas en el alma
Libertad sacrosanta
Yo mimé conmigo mismo
Átomos sin formar moléculas
Y cuanto cuesta sentarse y decir me importas
Qué bonito estar hoy aquí contigo.

Hay legiones de sombras sufriendo
Pero vale más no contarlo
Perderían su lugar en la foto
Sonrisa fingida
Juego de ordenador,
Realidad simulada, víctimas postmodernas
No me sirves te cambio por otro
Fugacidad, se rompieron los vínculos
Adiós a proyectos colectivos.
Nada falta en el gran mercado de la vida
Sumar experiencias
A cada cual más estimulante, más atrevida
Pero cuento cuesta sentarse y decir me importas
Y cuanto cuesta sentarse y decir me he sentido dolido,
Nos hemos hecho daño pero sabes que estamos en el mismo camino.
Cuanto cuesta decir qué importa quién tenía razón
Cuanto cuesta decir que lo que importa somos tú y yo.

Hay sombras víctimas que lloran cuando ya todo ha acabado
Y no sabrían decir qué salió mal.
Hay sombras que no saben digerir el fracaso
Y hay esperanzas que se esfumaron entre los dedos
Y espaldas con espaldas ahora sin mirarse a la cara
Hay un no se qué que se deshace se vuelve líquido
Y no se puede agarrar
Y hay vacíos disfrazados de perfiles de Factbook
Y hay soledades con 123 amigos en su muro
Y hay víctimas y verdugos
Y futuros inciertos que la cosa está jodida
Y paraísos fiscales y debates en televisión
Y el reloj que no se detiene
ni para las nuevas bandadas obligadas de piter panes
¿dónde estaba el manual de instrucción?
Y hay soledades
Y hay cicatrices y llagas
Y vacíos en el alma
E inseguridades
Y todos somos juez y parte
Y hay dolor
Y abismos
Que cruzar
y quien tiene un amigo tiene un tesoro
Pero cuanto cuesta sentarse
y decir me tienes a tu lado , cuenta conmigo.

Cuanto cuesta asumir el riesgo
Implicarse, experimentar el dolor
De no darse por vencido
Cuando se trata de amar
A los que comparten nuestro camino
Nuestros hermanos, nuestros amigos
Cuanto cuesta llenarnos de autenticidad
Y ser nosotros mismos
En la era de la precariedad.

(Juan Carlos febrero 2010.)



domingo, 28 de febrero de 2010

"Muerte en el olvido" (audio del poema)

Los vídeos de audios de poemas que voy subiendo son del último recital de diciembre en el Marx Madera. Pero en esa grabación, realizada por Galán directamente desde la salida de micros no se oye apenas el sonido de la flauta de Estrella. Tengo en vídeo el recital de abril pasado en el Pipo con sonido ambiente sin embargo no me admite el formato para subirlo así que he grabado el sonido de este poema en grabadora y de ahí al ordenador. Todo para poder subir al menos un poema con el acompañamiento de Estrella; y qué mejor que éste donde el sonido de la flauta travesera queda fantástico (aunque el sonido en general no sea muy bueno). El poema está en la entrada anterior.